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El Renacimiento de Taiwán
Honorables Jefes
Estados de las naciones amigas, distinguidos invitados,queridos
compatriotas residentes en el extranjero, queridos paisanos,
amigos que nos acompañan delante del televisor y en la
Internet, muy buenos días:
I. El significado histórico del
segundo cambio del poder
En las
elecciones presidenciales de la República de China
celebradas el pasado 22 de marzo, el pueblo taiwanés cambió
el curso de su futuro. Hoy, no estamos aquí para celebrar la
victoria de un partido o individuo en particular,
sino
para ser tertimonios de la democracia de Taiwán, el cual
atraviesa un momento histórico.
Nuestra democracia ha recorrido una senda tambaleante para
finalmente tener la suerte de avanzar sobre un camino llano
y maduro. Durante estos últimos años de grandes vicisitudes
el pueblo ha perdido completamente la confianza en el
gobierno, las manipulaciones políticas han distorsionado los
valores escenciales de la sociedad, el pueblo ha perdido el
sentido de la seguridad económica, y el respaldo
internacional de Taiwán también ha sufrido un desgaste sin
precedentes. Afortunadamente, los dolores que Taiwán sufrió
en el curso de la consolidación democrática fue
relativamente corta en comparación con otras democracias
jóvenes alrededor del mundo. El pueblo taiwanés ha sabido
presentarse ante el mundo como un ejemplo democracia que día
a día está más madura, y ha tomado la decisión acertada en
el momento crucial. El pueblo optó por la honestidad
política, la apertura económica, la armonía étnica, la paz
en el Estrecho y salir al encuentro del futuro.
Más importante aún, junto a ello el pueblo taiwanés ha
retomado los tradicionales valores de la benevolencia, la
integridad, la honestidad, la tolerancia y la laboriosidad.
Esta extraordinaria experiencia de crecimiento democrático
nos ha permitido ganarnos la fama del “Faro de la Democracia
para Asia y el resto del mundo”, un reconocimiento del cual
los taiwaneses se enorgullecen. Evidentemente, la República
de China se ha convertido hoy día en una democracia
respetada por la comunidad internacional.
No obstante, no estamos envanecidos por ello. Procuraremos
enriquecer y perfeccionar los valores intrínsecos de la
democracia. Aspiramos a que bajo los principios de la
Constitución, se protejan los derechos humanos, se aplique
cabalmente el estado de derecho, se materialice la
independencia e imparcialidad judicial, y que la sociedad
civil alcance un desarrollo vibrante. Asimismo, en la
democracia de Taiwán desaparecerán los fenómenos como la
escucha ilegal, la justicia arbitraria, así como la
injerencia política en los medios informativos o en las
instituciones electorales. Estas son nuestras aspiraciones
compartidas, y las metas que hemos de alcanzar en nuestra
próxima fase de reforma democrática.
En el día del escrutinio, miles de millones de comunidades de
etnia china en el mundo siguieron muy de cerca los
resultados electorales mediante transmisiones directas
televisadas y en la Internet. Ello explica que Taiwán sea el único lugar del mundo de la cultura china donde se ha
celebrado con éxito la segunda alternancia del poder, por la que las comunidades de etnia china alrededor del mundo han
depositado grandes expectativas en este experimento político
clave. Este éxito, será un aporte al desarrollo
democrático de las comunidades de etnia china en el mundo
sin precedentes. Ésta es nuestra responsabilidad histórica.
II. La misión de una nueva era
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La tarea más apremiante de la nueva administración es
dirigir a Taiwán para que encare con audacia los colosales
desafíos de la globalización. Hoy día, la economía mundial
se encuentra en una coyuntura de ingentes cambios,
acompañada por el acelerado surgimiento de naciones
emergentes. Así, es nuestro menester fortalecer la
competitividad internacional de Taiwán para recuperar las
oportunidades perdidas. La incertidumbre de la actual
coyuntura económica mundial constituye un obstáculo que
hemos de paliar a la hora de revitalizar la economía de Taiwán.
Empero, estamos profundamente convencidos de que con
estrategias acertadas y una inquebrantable determinación se
cristalizarán las metas propuestas.
La historia nos ha enseñado que islas como Taiwán
prosperarán con una política de apertura, de lo contrario
serán propensas a la decadencia. En este sentido, nos
enfocaremos en la apertura, la liberalización de la política
financiera y el fomento del sector privado, con lo que se
fortalecerán las ventajas comparativas del país.
Orientaremos al sector empresarial a sentar su base en
Taiwán, conectarse con Asia Pacífico y posicionarse en el
mundo. Asistiremos al sector laboral para que se adapte al
acelerado cambio tecnológico y la restructuración
industrial. Prepararemos esmeradamente a nuestras
generaciones posteriores, nutriéndoles de una sana
integridad moral, el sentido del deber cívico, perspectivas
globales y la capacidad del aprendizaje de por vida. De la
misma manera, se erradicará toda clase de injerencia
política en la educación. En esta era globalizada, el
gobierno debe satisfacer las necesidades básicas de los
grupos minoritarios, creando oportunidades de desarrollo de
los mismos. Asimismo, debemos lograr el aprovechamiento
sostenible del medioambiente tanto de Taiwán como del mundo.
Otra tarea de peso del nuevo Gobierno es enderezar la ética
política, y recuperar la fe del pueblo en el gobierno. Para
ello, nos empeñaremos en trabajar mancomunadamente para
crear un entorno humano, racional y pluralista, donde
prevalezcan la reconciliación y la coexistencia. De la misma
manera, fomentaremos la armonía entre los grupos étnicos así
como de los viejos y nuevos inmigrantes, estimularemos la
competencia constructiva entre los partidos políticos, y
respetaremos plenamente la supervisión mediática sobre el
gobierno así como la libertad de prensa.
La nueva Administración restaurará el modelo de una política
fundada en la rectitud, imponiendo estrictos estándares para
la integridad y eficiencia de los funcionarios. Proveerá un
código de interacción entre los sectores político y
empresarial, a fin de evitar la imposición de intereses
privados sobre el gobierno. Abrigo la esperanza de que todos
los servidores públicos tengan muy presente el famoso
adagio: “el poder corrompe, el poder absoluto corrompe
absolutamente”. Por ello, acataremos las pautas de la
política centrada en la honestidad, asumiendo la total
responsabilidad de gobierno. El nuevo Gobierno procurará el
mayor bienestar de todo el pueblo, superará los intereses de
los partidos y aplicará a fondo la imparcialidad
administrativa. Con ello procuraremos que el gobierno, en
lugar de estorbo, sea el motor que empuje a Taiwán hacia el
progreso.
Como
presidente de la República de China, mi deber más sagrado es
salvaguardar la Constitución. En una joven nación
democrática, es más importante respetar la Constitución que
enmendarla. Así, mi tarea primordial es subrayar la
autoridad constitucional y el valor del respeto a la
Constitutución. En este sentido, sentaré el ejemplo de
acatar cabalmente la Constitución, y en especial, a la
división de los poderes del estado. Debemos cerciorar que el
gobierno esté fundado sobre el estado de derecho. El Yuan
Ejecutivo es responsable ante el Yuan Legislativo. Los
órganos judiciales deben poner en práctica el estado de
derecho y la defensa de los derechos humanos. El Yuan de
Examen debe perfeccionar el sistema de funcionarios públicos.
El Yuan de Control debe censurar y denunciar a los
funcionarios públicos por infracción de la ley y negligencia
en el cumplimiento del deber. Debemos aprovechar esta
oportunidad para reinstaurar una robusta tradición
constitucional.
Obraremos para que Taiwán se convierta en un miembro
respetado en la aldea global. Acataremos los principios de
“dignidad, autonomía, pragmatismo y flexibilidad” a la hora
de desarrollar las relaciones internacionales. Como
ciudadano del mundo, la República de China se comprometerá a
cumplir con sus obligaciones inherentes, asumiendo su
correspondiente responsabilidad en cuestiones globales como
son la salvaguarda del orden de la libre economía, la
prohibición de la proliferación de armamentos nucleares, la
prevención contra el calentamiento global, la contención de
las actividades terroristas, así como el fortalecimiento de
la asistencia humanitaria. Participaremos, de manera
proactiva, en la cooperación regional de Asia y el Pacífico,
reforzaremos aún más los vínculos comerciales con los
principales socios comerciales, procuraremos una inserción
holística en la integración económica en Asia del Este, al
tiempo que realizaremos aportes activos a la paz y
estabilidad de la región.
Anhelamos intensificar los lazos de cooperación con EEUU,
nuestro respetado aliado de seguridad y socio comercial.
Atesoramos asimismo la amistad con las naciones aliadas,
comprometiéndonos al cumplimiento de nuestras promesas. Más
aún, estamos deseosos de obrar de común acuerdo y expandir
la cooperación con aquellos países que comparten ideales
comunes. Por encima de todo, elaboraremos un presupuesto
racional para la defensa nacional, adquiriremos armamentos
defensivos necesarios a fin de forjar la solidez del
ejército nacional. Igualmente, nos comprometeremos a la paz
en el Estrecho y la estabilidad regional. La República de
China deberá restaurar su reputación en la comunidad
internacional como un defensor de la paz.
Sueño con que los dos lados del Estrecho de Taiwán
aprovechen esta especial oportunidad histórica para alcanzar
la paz y la co-prosperidad. Dentro del marco de la
Constitución de la República de China y en base a los
ideales de la opinión pública dominante de “no a la
unificación, no a la independencia y no al uso de la fuerza
militar”, preservaremos el estatus quo en el Estrecho de
Taiwán. En 1992, los dos lados del Estrecho alcanzaron el
consenso de “una China con sus respectivas interpretaciones”.
Asimismo, sobre el fundamento del “consenso del 92” se
concretaron numerosas rondas de negociaciones que
conllevaron al favorable desarrollo de las relaciones
bilaterales. En este sentido, me valgo de la ocasión para
reiterar que, sobre las mismas bases existentes, reanudemos
las negociaciones a la brevedad posible. Igualmente, nos
atendremos a lo formulado en el Foro de Boao para Asia
celebrado el pasado 12 de abril de “aceptar la realidad,
procurar un nuevo futuro, apartar las controversias, y
alcanzar una situación de ganancia para todos”. Buscaremos
un punto de equilibrio para los intereses de cada parte. La
normalización de las relaciones económicas y culturales es
el primer paso hacia el beneficio mutuo. Espero que con la
inminente puesta en marcha de los vuelos fletados directos
durante los fines de semana y la visita de turistas de China
Continental a Taiwán, ambos programados para el próximo
julio, nos permitan dar un salto hacia una nueva era.
En el futuro también
negociaremos con China Continental sobre el espacio
internacional de Taiwán y un acuerdo de paz. ¡Taiwán aspira
a la seguridad, a la prosperidad y más aún a la dignidad!
Sólo cuando Taiwán deje de estar aislado en el ámbito
internacional se hará factible el desarrollo estable de las
relaciones bilaterales. Podemos decir que ambas partes
abogamos por ideales idénticos al tomar nota de las
declaraciones del Sr. Hu Jin Tao concernientes a ambos lados
del Estrecho en tres ocasiones recientes, “el consenso del
92” durante el diálogo con su homólogo de EE.UU., George. W.
Bush el pasado 26 de marzo, seguido por “las cuatro
continuaciones” del 12 de abril en el Foro de Boao para
Asia, y su postulación del 29 de abril sobre “establecer la
confianza mutua, apartar las controversias, buscar el
consenso pese a las diferencias, crear una situación de
ganancia para todos”, respectivamente. En este sentido, me
permito hacer este sincero llamado: tanto en el Estrecho de
Taiwán, en la comunidad internacional, como en los dos lados
del Estrecho deben cesar las hostilidades y reconciliarse.
En otras palabras, debemos prestar asistencia recíproca y
respetarnos mutuamente en los organismos y actividades
internacionales. Los pueblos a ambos lados del Estrecho
pertenecen al mismo grupo étnico, de manera que hemos de
hacer todo lo que esté a nuestro alcance, y avanzar lado a
lado para contribuir juntos a la sociedad internacional en
lugar de sumergirnos en la competencia viciosa que sólo
acarrea el desgaste de recursos innecesarios. Tengo la
certeza de que Taiwán y China continental hallarán el camino
para la paz y la co-prosperidad.
Estoy convencido de que la solución final para las
cuestiones a través del Estrecho no radica tanto en la
disputa de la soberanía, sino en el estilo de vida y los
valores esenciales. Nos preocupamos por el bienestar de los
1300 millones de habitantes de China Continental. Por ello,
abrigamos la esperanza de que China Continental continúe
encaminándose hacia la libertad, la democracia y la
prosperidad para todos, ello pavimentará el desarrollo
pacífico sostenido a través del Estrecho.
El
devastador terremoto que sacudió Sichuan recientemente causó
pérdidas descomunales. El pueblo taiwanés ha expresado su
honda preocupación y su solidaridad para propiciar
asistencia inmediata. Considero oportuno presentar nuestras
más profundas condolencias a los damnificados y nuestro
tributo a los equipos de rescate. Esperamos que se concluya
en el menor plazo posible la tarea de la reconstrucción en
las regiones afectadas.
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III. El legado y la visión de Taiwán
Desde el momento que hice el juramento de oficio, soy
profundamente consciente de la responsabilidad confiada en
mí por los 23 millones de habitantes. Este es el cargo más
glorioso, a la vez de mayor responsabilidad de mi existencia.
A pesar de no haber nacido en Taiwán, en esta tierra crecí y
aquí descansan los restos de mis seres queridos. Agradezco
en especial a la sociedad por haber acogido y educado a este
inmigrante de posguerra. Protegeré a Taiwán de alma y
corazón, y me entregaré sin reservas a esta misión.
Por más de cuatrocientos años Taiwán ha recibido
generosamente a los inmigrantes que llegaron sucesivamente,
nutriéndonos, amparándonos, propiciándonos, así como a
nuestros vástagos, un espacio donde refugiarnos y asentarnos.
Los picos escarpados y el vasto océano han forjado y
purificado nuestras almas. El legado cultural que heredamos
logró su continuación en esta tierra, haciendo posible su
expansión y evolución, más aún, permitió la creación de un
panorama humanístico diversificado.
La República de China logró su
renacimiento en Taiwán. Durante mi mandato estaremos
celebrando el centenario de la fundación de la República de
China. Esta primogénita República democrática de Asia pasó
sólo 38 años en el continente chino, en tanto que lleva casi
6 décadas en Taiwán. En el transcurso de estos casi 60 años,
el destino de la República de China y de Taiwán han estado
íntricamente ligado, atravesando juntos buenos y malos
momentos. Más aún, se alcanzaron grandes progresos en el
zigzagueante sendero hacia la democracia. A pesar de que los
entonces ideales democráticos y constitucionales del padre
de la República, el Dr. Sun Yat-sen, no se materializaron en
China Continental, sin embargo se arraigaron y florecieron
hoy en Taiwán cosechando resultados fructíferos.
Tengo plena fe en el futuro de
Taiwán. He recorrido cada rincón de la isla y he tenido la
suerte de conversar con gente de andares más diversos. Lo
que más me ha impresionado, sea en el norte o en el sur,
sean jóvenes o ancianos, son los valores tradicionales como
la benevolencia, la rectitud, la honestidad, la tolerancia,
y la laboriosidad que no sólo desbordan en la vida y
conducta de los taiwaneses, sino que se han sido enraizados
en su naturaleza inherente. Es allí donde radica la fuente
que impulsa a Taiwán hacia el progreso, y es la esencia del
“Espíritu de Taiwán”.
Ciertamente Taiwán goza de una excelente localización
geográfica, valiosos bienes culturales, sólidas formaciones
humanísticas, una democracia crecientemente madura, empresas
vigorosas e innovadoras, una sociedad pluralista y armoniosa,
organismos del sector privado con una dinámica presencia
dentro y fuera de Taiwán, compatriotas patrióticos
residentes a lo largo y ancho del planeta, así como los
nuevos inmigrantes provenientes de los rincones más diversos
del mundo. En este sentido, si nos atenemos al “Espíritu de
Taiwán”, haciendo el mejor uso de nuestras ventajas
comparativas, insistiendo en el principio de “priorizar los
intereses de Taiwán en beneficio del pueblo”, construiremos
a Taiwán, Penghu, Quemoy y Matsu en un edén envidiable y un
bello hogar del cual nos enorgullecemos.
La revitalización de Taiwán depende de los esfuerzos del
gobierno, pero más aún del vigor del pueblo. Para ello, he
de recurrir a la sabiduría del sector privado, la
cooperación y la concertación entre los partidos gobernante
y opositores, así como la proactiva participación de cada
uno de los miembros de la sociedad. Mis queridos
compatriotas, a partir de este instante remanguémonos y
entremos inmediatamente en acción a fin de forjar un bello
hogar, sentando las bases de paz, prosperidad y grandeza
para la posteridad. ¡Tomados de las manos, luchemos juntos
por nuestro porvenir!
Y ahora,
exclamemos juntos:
¡Viva la democracia de Taiwán!
¡Viva la República de China!
¡Muchas gracias!
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