El exministro japonés de Defensa Minoru Kihara (木原稔) afirmó en Tokio que los semiconductores se han convertido en un elemento clave de la seguridad nacional, y que Japón y Taiwán deben colaborar estrechamente para reforzar su disuasión ante China continental. En el simposio “Alianza de semiconductores Japón-Taiwán”, organizado por centros de estudios japoneses y del Indo-Pacífico, también participó la exministra taiwanesa de Economía Wang Mei-hua (王美花), quien destacó que la cooperación tecnológica entre ambos países es estratégica frente a los cambios globales y las presiones estadounidenses.
Kihara subrayó que la estabilidad del estrecho de Taiwán está íntimamente ligada a la seguridad de Japón, ya que la isla se sitúa en su principal ruta marítima de suministro energético y alimentario. Recalcó que una interrupción en la producción de semiconductores, dominada por TSMC, afectaría gravemente a la economía japonesa y global. Por ello, insistió en que el conflicto en el Estrecho debe evitarse por la vía diplomática, pero que, al mismo tiempo, Tokio y Taipéi deben reforzar sus capacidades disuasorias junto a Washington y otras democracias afines.
El político japonés propuso tres líneas de acción: concienciar al sector público y privado sobre la importancia estratégica de los semiconductores; fortalecer la cooperación con Taiwán, Estados Unidos y Europa para asegurar las cadenas de suministro; y fomentar la innovación que vincule la tecnología de los chips con la defensa nacional. Según Kihara, solo mediante una visión integrada de la seguridad económica y militar podrá Japón garantizar su futuro frente a la rivalidad sino-estadounidense.
Por su parte, Wang Mei-hua defendió que la expansión de la industria taiwanesa en Estados Unidos no debe interpretarse como un debilitamiento de los lazos con Japón. Las empresas taiwanesas están aumentando su presencia en Norteamérica, pero los proyectos conjuntos con Japón, como la segunda planta de TSMC en Kumamoto, demuestran una cooperación cada vez más sólida. En su opinión, la alianza Japón-Taiwán no solo refuerza la competitividad industrial, sino también la estabilidad del orden económico del Indo-Pacífico.