El viceministro de Exteriores, Wu Chih-chung (吳志中), participó en un seminario en París, un hecho inusual ya que hacía casi una década que un alto cargo taiwanés no intervenía en un acto público en la capital francesa. Durante su intervención, explicó la estrategia taiwanesa para hacer frente a la amenaza de China continental, basada en tres pilares: la voluntad de autodefensa, la presencia militar internacional en el Indo-Pacífico y el apoyo global al papel constructivo de Taiwán.
Wu destacó la fortaleza económica y tecnológica de Taiwán, subrayando que su PIB per cápita ya ha superado al de Japón y que pronto superará al de Corea del Sur. Además, recordó que la isla es líder mundial en semiconductores y servidores. Sin embargo, afirmó que esta fortaleza coincide con el nivel de amenaza más alto jamás recibido por parte de China continental.
El primer pilar de su estrategia es el refuerzo militar: Taiwán aumentará su presupuesto de defensa hasta alcanzar el 5 % del PIB en 2030, lo que demuestra —según Wu— su firme disposición a defenderse. El segundo pilar es la creciente presencia de buques de numerosas potencias en el estrecho de Taiwán y la región Asia-Pacífico, lo que transmite a China la necesidad de mantener el statu quo. El tercero es la contribución positiva de Taiwán a la comunidad internacional y el apoyo que recibe, ejemplificado en su temprana alerta sobre el COVID-19 en 2019.
Wu insistió en que, mientras estos tres pilares se mantengan sólidos, China no podrá atacar Taiwán. Destacó que grandes empresas tecnológicas como Amazon, Google o NVIDIA han elegido Taiwán para nuevas inversiones, lo que refleja su confianza en la estabilidad del país. También señaló un cambio significativo en las relaciones con Europa, visible en la reciente visita de la vicepresidenta Hsiao Bi-khim (蕭美琴) al Parlamento Europeo y los viajes del ministro Lin Chia-lung (林佳龍) a varias capitales europeas.
Finalmente, Wu criticó el trato injusto que recibe Taiwán en instituciones internacionales, desde la prohibición de su bandera en los Juegos Olímpicos hasta su exclusión de la OMS y la ONU. Argumentó que Taiwán debe considerarse una entidad sui generis, con todas las características de un Estado soberano, aunque marginada por presiones políticas externas. Según él, la comunidad internacional empieza a cuestionar este tratamiento y a reconocer la singularidad del modelo taiwanés.