Las declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi (高市早苗), sobre la posibilidad de que un conflicto en Taiwán active el derecho de autodefensa colectiva de Japón desencadenaron una dura reacción de Pekín, incluida una serie de maniobras con fuego real en el mar Amarillo. Esta escalada refleja un deterioro claro en las relaciones entre Japón y China continental, en un contexto regional cada vez más sensible a los movimientos militares en el estrecho de Taiwán.
Desde Taipéi, el ministro de Defensa, Wellington Koo (顧立雄), pidió a China continental que renuncie a resolver disputas mediante la fuerza, recordando que las tensiones no solo afectan al Estrecho, sino también al mar de China Meridional y al conjunto del Indo-Pacífico. Para Koo, si Pekín mantiene su expansión militar y su amenaza sobre Taiwán, los países con valores afines actuarán para evitar un conflicto, ya que la estabilidad regional y sus propios intereses estratégicos están en juego.
El ministro también abordó la reciente acción del Ejército Popular de Liberación, que formó palabras en la cubierta de un buque utilizando a sus soldados como parte de un supuesto intento de guerra cognitiva. Aunque confirmó que China continental busca este tipo de influencia, aseguró que estas tácticas fracasarán, especialmente frente a la debilidad interna que, según él, afecta al aparato militar continental y contrasta con la estabilidad de la democracia taiwanesa.
Por otro lado, Koo expresó preocupación por los casos de infiltración y espionaje vinculados a China continental descubiertos recientemente en Taiwán, y anunció un refuerzo de la educación en contrainteligencia y de los controles a quienes manejan información clasificada. También defendió la publicación impresa del nuevo Manual de Defensa Nacional, subrayando que se trata de una medida necesaria para proteger a la población ante emergencias y que se realizó bajo un proceso de licitación pública sin irregularidades.