Un estudio del MIT sugiere que la inteligencia artificial podría sustituir el 11 % de los empleos en Estados Unidos, especialmente en sectores cualificados como la salud y las finanzas. Con el impulso de herramientas como Google Gemini 3, las empresas podrían reducir aún más la contratación. Desde la Casa Blanca, se advierte que el incremento de productividad derivado de la IA lleva a las compañías a ser más prudentes al cubrir vacantes iniciales, lo que puede traducirse en un periodo de menor dinamismo laboral.
En Taiwán, investigadores subrayan que la caída demográfica convierte a la IA en un recurso que puede compensar la falta de mano de obra. Aun así, alertan de que quienes desempeñen tareas susceptibles de ser automatizadas deberán formarse para afrontar una transición profesional. Los puestos administrativos básicos y los trabajos repetitivos son los más expuestos a la reducción.
Sin embargo, la expansión de la IA también genera nuevas oportunidades laborales. La demanda de profesionales en análisis de datos, aprendizaje profundo, reconocimiento de imágenes y entrenamiento de modelos se ha duplicado en siete meses, alcanzando 31 000 vacantes. Para muchos expertos, esto demuestra que la IA no solo elimina tareas, sino que crea necesidades adicionales en la gestión tecnológica.
Por último, los analistas sostienen que la sustitución laboral por IA será progresiva y no inmediata. La integración entre inteligencia artificial y robótica todavía avanza lentamente, lo que da a empresas y trabajadores tiempo para adaptarse. Bajo esta perspectiva, la IA podría convertirse en una solución clave frente a la escasez de mano de obra, siempre que se acompañe de una reconversión profesional adecuada y de políticas que fortalezcan la capacidad de adaptación de la sociedad.