Estados Unidos ha aprobado una nueva y cuantiosa venta de armas a Taiwán por valor de 11 100 millones de dólares, centrada en sistemas que han demostrado su eficacia en la guerra de Ucrania. El objetivo principal es reforzar la capacidad taiwanesa para impedir un eventual desembarco de fuerzas chinas.
Según Nikkei Asia, esta operación refleja un cambio de enfoque en la política de Washington, que deja en segundo plano la venta de grandes plataformas como cazas y buques para priorizar armas más adecuadas para la defensa asimétrica y la negación de acceso.
El paquete incluye lanzacohetes HIMARS, misiles ATACMS, obuses autopropulsados, misiles anticarro Javelin y TOW, así como sistemas de drones, todos ellos orientados a infligir un alto coste a las fuerzas invasoras en caso de conflicto.
Expertos estadounidenses consideran que estas capacidades complicarían seriamente una operación militar china contra Taiwán, al aumentar los riesgos tanto durante el desembarco como en las fases posteriores de despliegue en tierra.
El cambio de orientación responde tanto a las tensiones generadas tras la visita de Nancy Pelosi a Taiwán en 2022 como a las lecciones extraídas del conflicto en Ucrania. En el segundo mandato de Trump, Washington ha intensificado y ampliado de forma notable su apoyo militar a Taipéi, apostando por la eficacia operativa más que por el simbolismo político.