El municipio de Dongshi (東石), en el condado de Chiayi, es famoso por sus ostras frescas, conocidas localmente como "ostras de leche". Sin embargo, esta próspera industria enfrentaba un grave problema ambiental: las toneladas de cáscaras vacías que se acumulaban, generando malos olores y contaminación. Hoy, gracias a la colaboración entre el gobierno y los productores, este desecho se ha transformado en un valioso material.
Los productores locales, como Dai Chi-sen (戴季森), explican que el proceso comienza con la limpieza de las ostras utilizando agua a alta presión. Tras el lavado, el producto reposa unas cuatro horas antes de ser enviado al mercado. El problema surgía después: las cáscaras vacías se tiraban sin control, provocando problemas sanitarios. Para resolver esto, se crearon "campos de reposo" legales. Estos sitios cuentan con suelos impermeables para evitar que el agua sucia contamine las tierras vecinas. Allí, las cáscaras se desinfectan y reposan durante diez días antes de ser procesadas.
El siguiente paso ocurre en una moderna planta de procesamiento, construida con una inversión de 170 millones de dólares taiwaneses. Esta fábrica tiene capacidad para procesar 50.000 toneladas de desechos al año. Este riguroso proceso comienza con una limpieza en seco para evitar malos olores, seguida de una minuciosa selección donde se eliminan los metales mediante imanes y se retiran manualmente los residuos de cuerdas; finalmente, se lleva a cabo la transformación, en la cual las cáscaras son trituradas y sometidas a un proceso de calcinación a altas temperaturas.
El resultado final es un polvo de carbonato de calcio de alta calidad. Este material ya no es basura, sino un insumo para diversas industrias. Se utiliza para fabricar alimentos para animales, fertilizantes, aditivos para pintura, materiales de construcción e incluso textiles.
Lo que antes era un problema de basura en la costa de Chiayi, hoy es un ejemplo exitoso de economía circular y sostenibilidad.