El ministro de Relaciones Exteriores, Lin Chia-lung (林佳龍), afirmó en una entrevista televisiva que, en el contexto de la política de “Estados Unidos primero” y de la creciente rivalidad entre Washington y Pekín, la prioridad estratégica de Taipéi es convertirse en un socio imprescindible para Estados Unidos y otros aliados. Según Lin, la verdadera garantía de seguridad no reside únicamente en promesas políticas o militares, sino en la coincidencia real de intereses económicos y estratégicos, de modo que proteger a Taiwán sea también proteger los propios intereses de sus socios.
Durante la entrevista, el ministro analizó los recientes acontecimientos en América Latina, como la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte del ejército estadounidense y el apoyo de Donald Trump al presidente electo hondureño Nasry Asfura, considerado cercano a Taiwán. Lin interpretó estos hechos como parte de un reajuste de la política estadounidense en la región, que Trump ha simbolizado con su llamada “Doctrina Donroe”, inspirada en la histórica Doctrina Monroe, con la que pretende reforzar la influencia de EE. UU. y frenar la expansión de China continental.
Lin advirtió de que China continental ha incrementado notablemente su presencia en Centroamérica y Sudamérica mediante la iniciativa de la Franja y la Ruta, hasta el punto de generar preocupación por la seguridad estadounidense. Frente a ello, Taiwán busca diferenciarse evitando la “diplomacia del talonario” y apostando por un modelo basado en la cooperación tecnológica, industrial y en el desarrollo sostenible. Según el ministro, el giro político hacia la derecha en varios países de la región y las consecuencias negativas de algunos proyectos chinos han llevado a muchos gobiernos a comparar ambos modelos y a mostrar mayor interés por la propuesta taiwanesa, articulada en el denominado Plan de Prosperidad con los Aliados.
Un pilar central de esta estrategia es la industria de los semiconductores y la inteligencia artificial. Lin destacó que la capacidad tecnológica de Taiwán puede complementarse con la de Estados Unidos para construir cadenas de suministro más seguras y competitivas, y para desarrollar proyectos conjuntos en terceros países con valores afines, como Paraguay, Filipinas o Polonia. De esta forma, Taiwán no solo sería un proveedor, sino un socio estructural dentro de un ecosistema tecnológico compartido, lo que aumentaría su peso estratégico.
Finalmente, el ministro se refirió a las maniobras militares chinas realizadas alrededor de la isla a finales del año pasado, señalando que numerosos países expresaron entonces su respaldo a Taiwán. Recordó que la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos considera a Taiwán parte esencial del frente del Indo-Pacífico junto con Japón, Corea del Sur, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda. En este marco, Lin subrayó que Taiwán no está aislado, pero que debe asumir un papel activo y coordinado con sus socios para reforzar su seguridad y su relevancia internacional.