El primer ministro de Canadá, Mark Carney, partió el día 13 rumbo a China continental, y dos diputadas del gobernante Partido Liberal, Helena Jaczek y Marie-France Lalonde, que se encontraban de visita oficial en Taiwán, acortaron su estancia y regresaron a su país por “recomendación del Gobierno”. La decisión ha provocado fuertes críticas en el ámbito político y académico canadiense, donde se considera que equivale a ceder ante el autoritarismo de Pekín incluso antes de iniciar negociaciones formales.
El viaje de Carney a China continental está previsto entre el 14 y el 17 de enero (hora de Taipéi). Paralelamente, una delegación parlamentaria canadiense de cinco miembros visitaba Taiwán del 10 al 16. Sin embargo, Jaczek y Lalonde abandonaron la isla el día 13, mientras que los otros tres diputados, pertenecientes al opositor Partido Conservador, continuaron con el programa. En un comunicado conjunto, las dos parlamentarias liberales explicaron que su regreso anticipado obedecía a recomendaciones gubernamentales y que no suponía un cambio en la postura de Canadá hacia Taiwán, sino una forma de “evitar confusión” en la política exterior debido a la coincidencia de agendas.
Desde la oposición, el portavoz conservador de Asuntos Exteriores, Michael Chong, calificó la decisión de “inclinarse ante el autoritarismo de Pekín”. A su juicio, ordenar a representantes elegidos democráticamente que regresen para no incomodar a un régimen autoritario envía el mensaje de que la conveniencia prima sobre los principios, debilita la democracia canadiense, daña las relaciones con Taiwán y refuerza la estrategia de intimidación de China continental. Chong subrayó que Taiwán es un socio democrático y comercial clave y no debería convertirse en una carga diplomática.