Alexander Gray, que durante el primer mandato de Donald Trump ejerció como jefe de gabinete del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, calificó el acuerdo de aranceles con Taiwán como un avance muy positivo en la relación bilateral, al integrar dimensiones económicas y estratégicas.
El acuerdo alcanzado reduce el gravamen recíproco al 15 % sin acumulación y amplía la cooperación en inversiones dentro de la cadena de suministro. El pacto, formalizado mediante un memorando de entendimiento, convierte a Taiwán en el primer país en beneficiarse de ventajas bajo la Sección 232 y contempla inversiones taiwanesas por valor de 250 000 millones de dólares en sectores estratégicos.
Estados Unidos considera los semiconductores esenciales para su desarrollo industrial y de seguridad, y el acuerdo ayuda a aliviar sus preocupaciones por la dependencia de la producción en Asia oriental.
Con las cuestiones económicas encauzadas, Washington y Taipéi podrán centrarse de nuevo en su principal interés común: la seguridad regional.
El acuerdo refuerza la cooperación en defensa y la disuasión en el Indopacífico, respaldada por recientes ventas de armas estadounidenses a Taiwán.
Finalmente, el análisis subraya que la relación entre Estados Unidos y Taiwán se consolida como una asociación independiente de la relación con China continental, lo que supone un cambio significativo y positivo respecto al pasado.