El presidente Lai Ching-te (賴清德) recordó que, en medio de la actual inestabilidad global, influyentes medios internacionales llegaron a describir a Taiwán como el país más peligroso del mundo y que en el ámbito interno se difundieron mensajes alarmistas sobre una posible guerra, fuga de capitales y colapso económico. Frente a esas predicciones, sostuvo que la realidad ha demostrado una notable capacidad de resistencia política, económica y estratégica.
Pese a los grandes conflictos internacionales, Taiwán ha mantenido la estabilidad en el estrecho y se ha beneficiado de la reordenación de las cadenas de suministro, consolidándose como un socio “seguro y fiable” para las democracias y como pieza clave de una cadena de suministro no vinculada a China continental. La inversión extranjera ha aumentado y la isla se ha convertido en un nodo central de la nueva geopolítica económica.
En el ámbito comercial, Lai destacó el cierre de las negociaciones arancelarias con Estados Unidos, que han rebajado los gravámenes máximos del 32 % al 15 % sin acumulación, situando a Taiwán en igualdad de condiciones con Japón, Corea del Sur y la Unión Europea. Esta equiparación, subrayó, garantiza un terreno de juego justo para las empresas taiwanesas, que confían en su competitividad y ven en ello una oportunidad histórica de expansión.
Finalmente, el presidente afirmó que el Gobierno seguirá respaldando a la industria con un ambicioso paquete de 93 000 millones de dólares taiwaneses para fortalecer las cadenas de suministro, financiar la innovación y apoyar a las pymes en su transformación digital y en la adopción de la IA. Anunció además grandes proyectos nacionales en inteligencia artificial, computación e infraestructuras tecnológicas, así como el impulso a sectores estratégicos como la defensa y el espacio, con el objetivo de que Taiwán refuerce su posición en las cadenas de valor globales y consolide su papel central en la economía y la seguridad internacionales.