Altos cargos del Ministerio de Defensa de Taiwán advirtieron que el asalto estadounidense en Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro han reavivado la preocupación por posibles operaciones similares en otros escenarios, subrayando la necesidad de acelerar la construcción del llamado “escudo de Taiwán”. Aunque la defensa aérea taiwanesa es considerablemente más avanzada que la venezolana, los responsables militares alertan de que las amenazas actuales emplean métodos cada vez más sofisticados, lo que exige un salto cualitativo en capacidades defensivas.
El director de Planificación Estratégica, Huang Wen-chi (黃文啓), destacó que una de las principales debilidades de algunas propuestas legislativas de la oposición es la ausencia de inversiones en inteligencia artificial y en sistemas C5ISR, considerados el núcleo de la guerra moderna. Estos sistemas, pese a su peso presupuestario limitado, permiten integrar la defensa aérea, terrestre y de comunicaciones, facilitando decisiones rápidas y un mando descentralizado capaz de responder con eficacia a ataques complejos.
Huang recalcó que sin IA ni C5ISR, la adquisición de armamento corre el riesgo de traducirse en fuerzas mal coordinadas, con armas que operan de manera aislada. En un entorno en el que los combates de defensa aérea se deciden en segundos o incluso microsegundos, la mejora del mando y control es clave para detectar amenazas con rapidez, decidir con precisión e interceptar de forma efectiva ataques sorpresa o a gran escala.
Por su parte, el portavoz Sun Li-fang (孫立方) señaló que los ejercicios militares chinos contra Taiwán han incrementado su presión, intensidad y sofisticación desde 2022, combinando maniobras armadas con operaciones de información. El objetivo estratégico de Pekín, afirmó, es doblegar a Taiwán sin necesidad de un conflicto abierto, influyendo en la opinión pública taiwanesa, china y regional para que la isla renuncie a resistir y facilitar así su control directo.