El respaldo del director del Instituto Americano en Taiwán (AIT, siglas en inglés), Raymond Greene, a un presupuesto especial de defensa de ocho años por valor de 1,25 billones de dólares taiwaneses ha generado una intensa controversia política en Taiwán. Mientras el Partido Popular de Taiwán acusa al AIT de injerencia en los asuntos internos, el Departamento de Estado de EE. UU. ha reafirmado públicamente que Washington “acoge positivamente” la propuesta presupuestaria de 40 000 millones de dólares estadounidenses (1,25 billones TWD) presentada por Taipéi, alineándose así con la postura expresada por Greene.
La polémica se intensificó tras las declaraciones del líder del PPT, Huang Kuo-chang (黃國昌), quien tras una visita a Estados Unidos en enero sostuvo que existe una clara discrepancia entre el AIT y Washington en materia de defensa, y acusó a Greene de actuar como un funcionario del Gobierno taiwanés y de colaborar con el primer ministro Cho Jung-tai (卓榮泰). Estas críticas fueron respondidas directamente por el Departamento de Estado, que subrayó la coherencia de su posición y su apoyo explícito al aumento del gasto defensivo de Taiwán.
En el ámbito interno, el proyecto de ley para reforzar la resiliencia defensiva y la capacidad de guerra asimétrica, aprobado por el Ejecutivo a finales del año pasado, ha quedado bloqueado en el Yuan Legislativo. El Kuomintang y el PPT han vetado el proyecto en diez ocasiones, y han impulsado una versión alternativa que limita el gasto a 400 000 millones de dólares taiwaneses, distribuidos anualmente, e incluye seis programas de adquisición como el sistema HIMARS.
La situación ha despertado preocupación en el Congreso de Estados Unidos, donde varios senadores, tanto republicanos como demócratas, han advertido de los riesgos de recortar el presupuesto de defensa en un contexto de creciente presión militar por parte de China continental. Mientras el KMT defiende su apoyo histórico al gasto militar y critica las declaraciones basadas en información incompleta, voces influyentes en Washington insisten en que este no es el momento de debilitar la defensa de Taiwán y piden al Yuan Legislativo que reconsidere su postura.