Estados Unidos ha anunciado un giro en su política de ventas de armas al establecer la «Estrategia de Transferencia de Armamento América Primero», que priorizará a los países con mayor gasto en defensa, relevancia estratégica o contribución a la seguridad económica estadounidense. Este cambio rompe con el sistema tradicional de «primero en llegar, primero en ser servido» y supone una reordenación significativa de los criterios de exportación militar.
Expertos en Washington consideran que, en el caso de Taiwán, la mención a la importancia geográfica y a su papel en los intereses económicos de EE. UU. puede interpretarse como un respaldo implícito. No obstante, el énfasis en que los socios deben invertir más en su propia defensa se percibe como una forma de presión adicional para que Taipéi —y en particular la oposición parlamentaria— apruebe el presupuesto especial de defensa y acelere reformas estructurales.
El vicealmirante retirado Mark Montgomery subraya que, aunque la nueva directriz puede ser positiva si se aplica correctamente, no resolverá por sí sola los graves retrasos en la entrega de armamento que afectan a numerosos países, incluida Taiwán, lo que indica que serán necesarias reformas más profundas en el sistema de producción y suministro.
Además, la estrategia vincula las ventas exteriores con la reindustrialización y el refuerzo de la base industrial de defensa estadounidense, lo que podría favorecer la exportación de sistemas de alto coste como aviones, misiles o lanzacohetes HIMARS. Sin embargo, los analistas advierten de que el texto sigue siendo ambiguo y que su impacto real dependerá de cómo se implemente en los próximos meses.