El subsecretario estadounidense de Defensa para Política, Elbridge Colby, reafirmó ante el Senado que la política histórica de Estados Unidos hacia Taiwán consiste en suministrarle armas defensivas y oponerse a cualquier cambio del statu quo por medios coercitivos. Indicó que el paquete de venta de armas anunciado a finales del año pasado, valorado en unos USD 11 100 millones, se ajusta plenamente a esa línea estratégica.
Durante la presentación de la nueva Estrategia de Defensa Nacional del segundo mandato de Donald Trump, Colby subrayó que la cuestión taiwanesa es especialmente sensible, pero defendió que la estrategia actual apuesta por una disuasión efectiva basada en resultados concretos. El senador Jim Banks planteó cómo estas ventas contribuirían a reforzar la capacidad de Taiwán para participar en misiones de “negación” junto a Estados Unidos.
Colby evitó pronunciarse en detalle sobre la necesidad de que Taiwán apruebe presupuestos especiales de defensa, aunque insistió en un principio clave: los socios que aspiran a la protección estadounidense deben asumir de forma decisiva su propia responsabilidad en materia de defensa y fortalecimiento militar.
En cuanto a las informaciones sobre la reducción de reservas de munición tras operaciones contra Irán, Colby reconoció la necesidad de reforzar la base industrial de defensa estadounidense, pero aseguró que ya se han producido avances y que la situación está bajo control. Además, envió un mensaje disuasorio al afirmar que el presidente Trump no teme recurrir al uso de la fuerza militar si las circunstancias lo requieren.