Pingtung dio inicio a su esperada temporada de atún rojo con la confirmación de la captura del “primer atún” del año, un codiciado logro que finalmente recayó en un experimentado capitán de 67 años, tras la descalificación previa de dos barcos por incumplir las nuevas normativas.
El protagonista es el capitán de apellido Hong, con 53 años de experiencia en la pesca, quien junto a su tripulación logró capturar el ejemplar en aguas al suroeste de Taiwán. Curiosamente, su objetivo inicial era pescar pez espada, pero la fortuna le sonrió de forma inesperada.
La captura fue verificada por la asociación pesquera, que confirmó que el atún cumplía con todos los requisitos establecidos. El ejemplar fue pescado por el barco “Fu Yu Ching No. 2” (富漁慶2號), con base en Liuqiu (琉球), marcando la primera vez en la larga carrera del capitán Hong que consigue el prestigioso “primer atún”. “Estoy muy feliz, tanto que no pude dormir”, confesó.
Este año, las reglas para validar la captura se han endurecido. En línea con políticas nacionales, ahora se exige la extracción de las branquias en alta mar para garantizar la frescura del pescado. Además, siguiendo el modelo de las regiones de Yilan y Hualien, es obligatorio grabar en video todo el proceso de izado del pez cuando aún está vivo, con el fin de evitar disputas. Estas nuevas disposiciones ya provocaron la descalificación de dos capitanes anteriores: uno por discrepancias en el horario de captura y otro por no presentar grabación.
Según la secretaria general de la Asociación de Pescadores de Donggang (東港), Cheng Yuchen (鄭鈺宸), aunque tradicionalmente los atunes se capturan en aguas del sureste, esta es apenas la quinta vez en los 26 años del evento que el “primer atún” se obtiene en el suroeste.
La razón detrás de la feroz competencia entre pescadores es económica: el “primer atún” alcanza precios extraordinarios en subasta. El año pasado, su valor superó los 10 300 dólares taiwaneses por kilogramo, entre 14 y 20 veces más que el precio habitual de mercado, que oscila entre 500 y 700 dólares taiwaneses.
Para los pescadores, capturar este ejemplar equivale a ganar la lotería en alta mar: un golpe de suerte que no solo representa una gran recompensa económica, sino también un honor que ilumina la dura vida en el mar.