La Dirección General de Presupuesto, Contabilidad y Estadística (DGBAS, siglas en inglés) ha detectado un cambio inusual en la presión inflacionaria del país. Durante el mes de marzo, los hogares de rentas altas registraron un incremento del IPC del 1,42 %, una cifra notablemente superior al 1,14 % de las rentas medias y al 0,83 % de las rentas bajas. Históricamente, las familias con menos recursos solían ser las más afectadas por el encarecimiento de los alimentos, pero la tendencia se ha invertido debido a que el alza actual se concentra en servicios y productos de consumo más frecuente entre las clases acomodadas.
Los principales factores que explican este fenómeno son el encarecimiento de las actividades de ocio y los artículos de lujo. Los gastos en paquetes turísticos, alojamiento hotelero y artículos de joyería han experimentado subidas significativas, sectores donde el peso del gasto es mayor en los presupuestos de las familias adineradas. Además, la escalada del conflicto en Oriente Próximo ha disparado el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, lo que se ha traducido en un aumento directo del coste de los billetes de avión y de los recargos por combustible internacional.
De cara al futuro inmediato, las autoridades taiwanesas prevén que esta brecha se mantenga, ya que los datos de abril reflejarán de forma más cruda el encarecimiento de la energía. Mientras que los ciudadanos de rentas altas percibirán el impacto principalmente en sus viajes al extranjero, las familias de ingresos medios y bajos sufrirán la subida del combustible en sus desplazamientos diarios en coche o motocicleta. Con todo, el Gobierno mantiene activas medidas de control para evitar que la volatilidad del crudo provoque una escalada inflacionaria incontrolable en los productos básicos.