La agresión de Israel y EEUU contra Irán que ha llevado al cierre del estrecho de Ormuz ha puesto en alerta a la industria tecnológica global debido a la posible interrupción del suministro de helio proveniente de Catar. Este gas es una materia prima crítica para la fabricación de microchips, y dado que Catar controla el 30 % del mercado mundial, cualquier problema logístico prolongado podría asfixiar las cadenas de producción. Aunque las empresas líderes cuentan con reservas estratégicas para el corto plazo, la lentitud prevista en la reparación de las infraestructuras cataríes plantea un riesgo sistémico para los próximos años.
A pesar de que gigantes como TSMC han reportado beneficios récord gracias a la demanda de inteligencia artificial, los expertos advierten de que los costes de producción podrían dispararse. Taiwán y Corea del Sur, que dominan la fabricación de chips avanzados, tienen la capacidad de transferir estos costes adicionales a los fabricantes de hardware. Esto se traduciría en un aumento de precios para los consumidores de smartphones, servidores y dispositivos de alta gama, ya que las empresas aprovecharán su posición dominante en el mercado para proteger sus beneficios.
Por el contrario, el sector dedicado a procesos de fabricación menos avanzados sufrirá un impacto directo en su rentabilidad. Al operar en mercados más competitivos y con menor valor añadido, estas empresas tendrán dificultades para trasladar el encarecimiento del helio a sus clientes. Como resultado, la crisis energética y de suministros en Oriente Próximo podría generar una brecha económica mayor en la industria: mientras los líderes tecnológicos mantienen su crecimiento, las empresas de semiconductores tradicionales verán sus márgenes de beneficio seriamente reducidos.