Ante la inminente visita de Donald Trump a Pekín los días 14 y 15 de mayo, el diario británico The Guardian ha advertido sobre los riesgos de que el presidente estadounidense utilice la seguridad de Taiwán como un elemento de negociación. El editorial subraya el carácter marcadamente transaccional de Trump, sugiriendo que Pekín podría intentar obtener concesiones en el estrecho de Taiwán —como la reducción de venta de armas— a cambio de favores en materia comercial o de cooperación en conflictos en Oriente Medio.
La estrategia de Pekín, según el análisis, se centra en lograr la anexión de la isla sin recurrir a un conflicto abierto, apostando en su lugar por una presión económica y militar constante. El objetivo final sería forzar a Taiwán a aceptar la unificación como un destino inevitable, especialmente si perciben que el compromiso de Washington se debilita. Aunque la inteligencia sitúa el umbral de preparación militar china en 2027, la actual dispersión de recursos estadounidenses en otros conflictos globales podría ser vista por China continental como una ventana de oportunidad estratégica.
En el plano interno de Taiwán, la situación es igualmente compleja debido al auge de una identidad nacional propia frente a la necesidad de mantener relaciones económicas viables con el gigante asiático. El editorial destaca que, si bien la mayoría de la población percibe a China continental como una amenaza, los movimientos de la oposición política —como el acercamiento del KMT a Pekín— y la cooperación electoral entre bloques podrían alterar el equilibrio de fuerzas, algo que el Gobierno de Pekín sigue de cerca con la esperanza de un cambio político favorable.
Finalmente, el rotativo británico hace un llamamiento a defender la democracia taiwanesa y a mantener el status quo como la única vía para evitar errores de cálculo peligrosos. Se advierte de que la imprevisibilidad de Trump es un arma de doble filo: podría disuadir a Pekín, pero también podría provocar una escalada si China continental interpreta erróneamente las señales de abandono por parte de Estados Unidos. En definitiva, la estabilidad regional depende de que Taiwán no sea degradado a una mera moneda de cambio en el ajedrez geopolítico entre las dos superpotencias.