El presidente estadounidense Donald Trump inicia una visita oficial de alto nivel a Pekín, la primera que realiza desde 2017, con el objetivo de reunirse con Xi Jinping (習近平) los días 14 y 15 de mayo. El viaje ha cobrado una relevancia especial tras las declaraciones de Trump en el Despacho Oval, donde confirmó su intención de discutir directamente con el líder continental las ventas de armamento estadounidense a Taiwán. Esta decisión ha generado incertidumbre sobre si Washington planea utilizar este asunto como moneda de cambio en sus negociaciones con el gigante asiático.
Ante el revuelo diplomático, el Departamento de Estado se ha visto obligado a reafirmar que la política exterior de EE. UU. sigue anclada en el principio de «una sola China» y en las históricas Seis Garantías hacia Taiwán. El mensaje oficial busca calmar a los aliados y a la opinión pública, asegurando que el compromiso con la estabilidad en el estrecho de Taiwán es firme y que no se consultará a Pekín sobre las decisiones de defensa de la isla, a pesar de la predisposición de Trump a debatir el tema con Xi.
En el ámbito institucional, figuras clave como el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, han intentado mantener una línea de continuidad. Mientras Rubio insiste en que la estabilidad regional es un beneficio global que EE. UU. no pretende alterar, Hegseth ha delegado la responsabilidad última de las ventas de armas pendientes en el propio Trump, sugiriendo que el mandatario tendrá la última palabra durante el transcurso de las reuniones en la capital china.
La agenda de la cumbre, que incluye desde ceremonias de bienvenida hasta almuerzos de trabajo, será el escenario donde se ponga a prueba la cohesión de la política exterior estadounidense. Aunque los funcionarios de mayor rango no prevén cambios drásticos en la doctrina oficial, la voluntad de Trump de poner sobre la mesa temas de seguridad nacional que Pekín considera líneas rojas añade un factor de volatilidad a la relación bilateral entre las dos superpotencias en un momento crítico para la geopolítica mundial.