La cumbre entre Xi Jinping (習近平) y Donald Trump ha entrado hoy 15 de mayo en su segundo día, y se rumorea que ambas partes podrían alcanzar acuerdos como una reducción mutua de aranceles sobre productos valorados en 30 000 millones de dólares y el establecimiento de un “mecanismo de comercio administrado”. Los expertos consideran que, si China continental y EE. UU. pasan de una situación de “conflicto altamente incierto” a una de “competencia predecible”, la reducción de los costes de transacción sería positiva para toda la economía mundial. Esto no solo beneficiaría a las cadenas de suministro de las empresas taiwanesas, sino que también podría impulsar a corto plazo las subidas de la bolsa de Taipéi. Sin embargo, a medio y largo plazo, Taiwán seguirá necesitando mantener su posición clave dentro de la cadena global de suministro de inteligencia artificial.
Tras la primera jornada de la cumbre celebrada el día 14 ambas partes ofrecieron interpretaciones diferentes. China continental subrayó que su política de apertura continuará ampliándose y expresó su disposición a reforzar la cooperación mutuamente beneficiosa con Estados Unidos. Por su parte, Washington indicó que se había discutido el fortalecimiento de la cooperación económica, la ampliación del acceso de las empresas estadounidenses al mercado chino y el incremento de las inversiones chinas en Estados Unidos. Trump también mencionó la necesidad de que China continental aumente sus compras de productos agrícolas estadounidenses.
El director ejecutivo de la Asociación General de Comercio e Industria de Asia-Pacífico y profesor adjunto del Departamento de Economía de la Tunghai University, Darson Chiu (邱達生), considera que las declaraciones posteriores al primer día de la cumbre todavía responden a una fase en la que ambas partes exponen sus propios intereses y necesidades, sin una convergencia clara.
En cuanto a las informaciones publicadas por medios internacionales, según las cuales la cumbre podría producir varios resultados preliminares —como la ampliación de las compras chinas a Estados Unidos, la autorización estadounidense para que diez empresas chinas adquieran chips Nvidia H200, la reducción mutua de aranceles sobre bienes valorados en 30 000 millones de dólares y la creación de un “mecanismo de comercio administrado”—, Darson Chiu señaló que, si la reunión logra transformar la relación bilateral desde un “conflicto altamente incierto” hacia una “competencia predecible”, reduciendo así la incertidumbre del mercado y devolviendo protagonismo a los mecanismos de mercado, el efecto sería beneficioso tanto para la economía global como para la taiwanesa.
Especialmente en lo relativo a la reducción mutua de aranceles, Chiu explicó que esto disminuiría los costes de transacción y favorecería un funcionamiento más fluido de las cadenas de suministro multinacionales en Taiwán y el Sudeste Asiático. Además, a corto plazo podría contribuir a que la bolsa de Taipéi continúe al alza.
“La demanda de inteligencia artificial y semiconductores seguirá existiendo —dijo Chiu—, y las multinacionales tendrán más confianza para realizar inversiones de capital a largo plazo y reorganizar sus cadenas de suministro. Desde una perspectiva económica, esto no es negativo para Taiwán; a corto plazo, tanto el mercado bursátil como el mercado de divisas taiwaneses podrían verse respaldados e impulsados”.
No obstante, Chiu también advirtió que, a medio y largo plazo, las tendencias globales en comercio y tecnología no cambiarán. Actualmente, Taiwán ocupa una posición central en la cadena mundial de suministro de inteligencia artificial, lo que hace que Estados Unidos dependa en gran medida de la isla, mientras que China continental aspira a desarrollar su propia autonomía en IA. Por ello, el principal desafío para Taiwán en el futuro será mantener su liderazgo tecnológico y su carácter insustituible.