Con motivo del segundo aniversario de su investidura, el presidente Lai Ching-te (賴清德) presentó las tres directrices fundamentales de su programa: salvaguardar el sistema democrático, mantener la estabilidad regional en el Estrecho y potenciar la competitividad económica del país. El mandatario insistió en que el destino de Taiwán pertenece soberanamente a sus 23 millones de habitantes, instando a los diferentes partidos a consolidar un frente común contra las estrategias de persuasión política de Pekín que buscan forzar una anexión territorial camuflada bajo discursos de pacificación.
Durante el balance de su gestión, el jefe del Estado vinculó la madurez civil de la isla con el trigésimo aniversario de las elecciones presidenciales directas inauguradas en 1996, destacando la resiliencia del electorado. No obstante, Lai reconoció el complejo escenario nacional e internacional que atraviesa el país, caracterizado por la expansión de las potencias autoritarias, la reestructuración logística de los mercados globales y un bloqueo parlamentario doméstico sin precedentes que ha dificultado la tramitación regular de leyes, nombramientos públicos y partidas presupuestarias esenciales.
Finalmente, la máxima autoridad del Ejecutivo ratificó que la República de China y la República Popular de China constituyen dos entidades totalmente independientes y no subordinadas, desvinculando la preservación del statu quo actual de las corrientes de corte independentista. Asimismo, Lai descartó el retorno al «Consenso de 1992» sugerido por la oposición conservadora, argumentando que dicho marco teórico se traduce en la práctica en la aceptación de la doctrina de «una sola China» y el modelo de sumisión de «un país, dos sistemas», condiciones que juzgó incompatibles con la soberanía nacional y la libertad ciudadana.