El auge global de la inteligencia artificial ha acelerado el desarrollo del sector de la alta tecnología, intensificando la aparición de una «economía en K». Este fenómeno describe una marcada polarización estructural donde las clases más ricas prosperan gracias al dinamismo de los mercados financieros, mientras que los estratos de rentas medias y bajas se ven perjudicados por los efectos de la inflación. El Banco Central de Taiwán advirtió de que, ante esta división social e industrial, basar las decisiones macroeconómicas únicamente en los indicadores promedio tradicionales resulta insuficiente y engañoso, ya que las herramientas habituales de manipulación de los tipos de interés pierden gran parte de su eficacia.
La entidad financiera desglosó este impacto estructural en tres grandes vertientes que distorsionan los canales de transmisión de la política monetaria tradicional. En primer lugar, se produce una severa polarización de la riqueza, puesto que las familias ricas aumentan su consumo mediante la revalorización de sus activos, mientras las familias desfavorecidas dependen cada vez más del endeudamiento. En segundo lugar, se generan señales económicas contradictorias, donde la fortaleza de la tecnología sugiere una subida de tipos para mitigar la inflación, pero la clase trabajadora requiere urgentemente una reducción de costes. Por último, existe una asimetría en la transmisión, dado que las subidas de tipos incrementan las ganancias por intereses de los ricos, pero hunden el poder adquisitivo real de los hogares humildes.
Como consecuencia de estas distorsiones, el Banco Central determinó que para corregir las desigualdades de una economía en K no se puede depender en exclusiva de las subidas o bajadas de los tipos de interés oficiales, requiriéndose la adopción de medidas macroprudenciales y herramientas reguladoras focalizadas. Para ilustrar esta estrategia de precisión, la institución citó las medidas de control selectivo de crédito implementadas en el mercado inmobiliario de Taiwán durante los últimos años, un mecanismo diseñado de forma específica para contener riesgos financieros aislados en un sector concreto sin perjudicar de manera generalizada a los sectores más vulnerables de la población.
Finalmente, la institución destacó la relevancia de utilizar indicadores de heterogeneidad económica, emulando la iniciativa pionera introducida por el Banco de la Reserva Federal de Nueva York en noviembre de 2022. El análisis del organismo concluye que los datos estadísticos convencionales ocultan las debilidades estructurales al centrarse exclusivamente en valores medios aritméticos. Por este motivo, la entidad emisora considera de vital importancia segmentar el rendimiento económico por variables como el empleo, la riqueza, el consumo y los ingresos de los distintos grupos demográficos, garantizando así un diagnóstico preciso que impida que el crecimiento del país dependa de un solo sector y aumente la vulnerabilidad del sistema financiero nacional.