El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado públicamente que Apple e Intel han alcanzado un acuerdo para diseñar y fabricar semiconductores en territorio estadounidense, una medida orientada a reducir la histórica dependencia de la empresa tecnológica hacia la taiwanesa TSMC. Aunque un potencial desvío de contratos podría fragmentar la cartera de pedidos de la fundición asiática, analistas locales consideran que la fuerte demanda de obleas por parte de gigantes de la inteligencia artificial (IA) como Nvidia amortiguaría rápidamente cualquier vacío en las líneas de producción, manteniendo bajo control el impacto sistémico.
La estrategia de Apple responde a la necesidad de diversificar geográficamente sus centros de fabricación y asegurar un suministro más flexible frente a la saturación de los nodos de producción avanzados de TSMC, los cuales son codiciados por competidores de la talla de AMD. El analista financiero Weng Wei-chieh (翁偉捷) advirtió que la repercusión real sobre la economía taiwanesa dependerá del volumen definitivo de pedidos transferidos a Intel y de la capacidad de esta última para demostrar que sus tasas de rendimiento de fabricación (yield rate) son verdaderamente competitivas frente a los exigentes estándares de calidad de la isla, especialmente en el desarrollo de la tecnología de 2 nanómetros.
A pesar de la incertidumbre inicial, los expertos sugieren que una sustitución de los pedidos de telefonía móvil de Apple por los procesadores de alto rendimiento de Nvidia podría resultar económicamente ventajosa para los ingresos globales de TSMC, debido a los mejores márgenes de beneficio que ofrece el sector de la inteligencia artificial. No obstante, puesto que los anuncios políticos de Trump requieren una validación técnica posterior en los mercados y ni Apple ni Intel han emitido confirmaciones oficiales inmediatas sobre el alcance del proyecto, la evolución de la cadena de suministro global se mantendrá bajo rigurosa observación.