El litoral de Tainan, baluarte de la cría del sábalo en Taiwán, conserva los vestigios de un singular oficio surgido en las últimas décadas del siglo pasado: los «contadores de peces». Ante la necesidad de comercializar de golpe millares de alevines de apenas unos milímetros de longitud, los criadores locales dependían de estos profesionales. Su destreza consistía en calcular el volumen exacto de las mercancías mediante la ejecución de una tonada tradicional rítmica conocida como la «canción del conteo de peces».
Con la progresiva automatización y modernización tecnológica de la industria acuícola, este método de contabilidad artesanal ha sido relegado casi por completo. En la actualidad, el gremio de contadores se ha reducido a unos pocos miembros que superan los 80 años de edad, como es el caso del veterano Lin Szu-ping (林四評), quien a sus 87 años todavía conserva la agilidad mental y la voz necesarias para efectuar el recuento tradicional de los alevines sin pausas ni errores.
Con el propósito de evitar la pérdida definitiva de este patrimonio inmaterial, diversas agrupaciones locales han comenzado a integrar demostraciones vivas de este oficio dentro de itinerarios de turismo ecológico y campamentos culturales. Estas iniciativas permiten a los visitantes presenciar de primera mano la precisión matemática y la fluidez lírica de los últimos contadores, asegurando que la memoria histórica de las comunidades pesqueras de Tainan no caiga en el olvido.