La fuerte y sostenida demanda global de chips orientados a la inteligencia artificial (IA) ha saturado la capacidad de producción de TSMC. Tras haber encarecido sus procesos de fabricación más avanzados, la multinacional taiwanesa ha notificado a varias empresas de diseño de circuitos integrados que incrementará las tarifas de sus nodos maduros a partir de enero del próximo año. Esta medida ha generado un efecto dominó en el sector, tensionando la oferta del mercado y provocando que las fundiciones de segundo nivel también eleven sus cotizaciones de manera simultánea.
Los analistas sectoriales, entre ellos Liu Pei-chen (劉佩真) del Instituto de Investigaciones Económicas de Taiwán (TIER), apuntan a que este encarecimiento responde no solo al auge de la IA, sino también a la proximidad de los límites físicos de la Ley de Moore. Este factor tecnológico, unido al encarecimiento de la investigación y desarrollo, las presiones geopolíticas y la inversión en la construcción de nuevas plantas, obliga a la compañía a trasladar estos costes a sus clientes. Frente a esto, competidores emergentes como el consorcio estatal japonés Rapidus buscan captar mercado prometiendo precios más bajos para sus futuros chips de 2 nanómetros.
No obstante, los expertos coinciden en que TSMC mantiene un liderazgo indiscutible difícil de desbancar a corto plazo debido a su sólida reputación. Al evaluar a un proveedor de semiconductores avanzados, los clientes priorizan la estabilidad en la tasa de rendimiento (yield), la escala operativa y la confianza mutua, áreas donde competidores establecidos como Intel o Samsung llevan ventaja sobre firmas debutantes sin producción masiva. Asimismo, el robusto ecosistema de propiedad intelectual (IP) de TSMC, que supera las 90 000 patentes frente a las carteras sustancialmente menores de sus rivales directos, consolida su posición estratégica como la opción preferente de la industria.