El representante diplomático de Taiwán en Japón, Lee I-yang (李逸洋), justificó públicamente su rechazo a participar en la reciente ceremonia de paz de Nagasaki como una maniobra "estratégica" para proteger la soberanía taiwanesa. Su protesta se originó al comprobar que las autoridades locales de la ciudad le habían asignado un asiento fuera de la zona destinada al cuerpo diplomático internacional, lo que suponía una clara degradación del estatus de Taiwán.
Lee advirtió de los peligros de aceptar pasivamente este tipo de desplantes institucionales. Argumentó que claudicar ante las presiones chinas en Nagasaki habría sentado un peligroso precedente, animando a Pekín a exportar este modelo de marginación a otros municipios e instituciones japonesas, creando un "efecto dominó" que pondría en grave riesgo la diplomacia taiwanesa en el país nipón.
El diplomático se mostró tajante al asegurar que la relación bilateral atraviesa su mejor momento histórico. Para respaldar su afirmación, aportó datos contundentes sobre el apoyo explícito de figuras japonesas de alto perfil como la primera ministra Sanae Takaichi (高市早苗), así como los recientes tránsitos de la armada japonesa por el estrecho de Taiwán para desafiar las reclamaciones territoriales de China continental.
Para contrastar el trato recibido en Nagasaki, Lee compartió una fotografía de su reciente encuentro con la gobernadora de la región de Hiroshima, Mika Yokota (橫田美香), donde sí se respetaron los protocolos de Estado y se exhibió la bandera taiwanesa. El representante instó a la ciudadanía a no magnificar un hecho aislado y a recordar que el verdadero objetivo debe ser contrarrestar las constantes maniobras divisorias promovidas por China continental.