Una familia de Nantou, en el centro de Taiwán, se llevó una enorme sorpresa cuando descubrió que tenía un visitante muy especial en el salón de su casa: un águila culebrera chiíla (Spilornis cheela), una especie de ave rapaz protegida en Taiwán.
El insólito visitante entró en la vivienda poco después de las cinco de la tarde del día 9, mientras toda la familia había salido a cenar. Los propietarios no se enteraron de nada hasta que revisaron las cámaras de seguridad y descubrieron que un enorme pájaro se había colado en el salón.
Las imágenes muestran al águila primero sobre el sofá, mirando desconcertada a su alrededor. Poco después, voló hasta un mueble y se quedó observando fijamente la cámara con sus grandes ojos. En su intento por encontrar una salida, también pasó por un escritorio y llegó incluso a tumbarse en el suelo para descansar.
Preocupados por la posibilidad de que estuviera herida, los propietarios contactaron con los bomberos, la línea de atención ciudadana 1999 y organismos especializados en fauna silvestre. Sin embargo, al ser día festivo, no pudieron recibir asistencia inmediata. Ante la incertidumbre y el gran tamaño del animal, la familia decidió pedir ayuda a través de las redes sociales.
El águila permaneció aproximadamente cuatro horas dentro de la vivienda, hasta que los propietarios regresaron y abrieron las puertas y ventanas. Finalmente, el ave encontró por sí sola la salida y emprendió el vuelo, aparentemente sin haber sufrido ninguna lesión.
El experto en aves Yao Cheng-te (姚正得) recomendó que, si se encuentra un ave rapaz aparentemente herida, no se debe intentar tocarla directamente. En esos casos, puede utilizarse una caja de cartón de tamaño adecuado para cubrirla y ayudar a que el animal se tranquilice y deje de forcejear. Si el ave puede desplazarse y volar por sí misma, lo mejor es abrir puertas y ventanas y dejar que abandone el lugar por sus propios medios.
El águila culebrera chiíla es una gran rapaz bastante común en Taiwán, pero está catalogada como especie silvestre protegida de segundo nivel. Los expertos creen que, en este caso, simplemente pudo haberse desorientado y terminó entrando accidentalmente en la vivienda.
La familia, además del susto, se quedó con un recuerdo poco habitual: las cámaras de seguridad captaron durante horas a una enorme rapaz convirtiendo su salón en una inesperada sala de espera. Una visita de cuatro horas, sin reserva previa y, por supuesto, con las alas incluidas.