La frase que hoy vamos a grabar en nuestro mármol imaginario es la piedra angular de una de las políticas ambientales más ambiciosas que Taiwán ha lanzado en los últimos años. Es un lema gubernamental, sí, pero con un alma profundamente comunitaria.
Una persona, un árbol, una comunidad, una zona de sombra, un kilómetro y un cinturón verde.
¿Cómo se logra que una metrópolis densamente poblada, llena de rascacielos y autopistas, le devuelva el protagonismo a la naturaleza?