¿Qué pasaría si las palabras con las que sus abuelos los hacían reír, o las canciones de cuna que sus madres les cantaban para dormir, de repente fueran prohibidas? ¿Qué sentirían si hablar el idioma de su propio hogar frente a sus compañeros de escuela fuera motivo de multas, castigos y humillación pública?
Aunque suene al argumento de una película dramática, esa fue la dura y silenciosa realidad de toda una generación aquí en Taiwán. Pero las culturas que tienen raíces profundas no se dejan silenciar tan fácilmente.
En este programa vamos a descubrir cómo una isla entera está curando una de sus cicatrices más dolorosas, luchando con creatividad y orgullo para recuperar su voz después de medio siglo de silencio forzado.