La educación taiwanesa se enfrenta a una paradoja: por un lado, las escuelas sufren escasez de docentes; por otro, un número creciente de docentes cualificados opta por abandonar la profesión o simplemente no ingresar a las aulas. Según las estadísticas del Ministerio de Educación, aproximadamente 230.000 personas en Taiwán poseen certificados de docente cualificado, pero solo unas 150.000 se dedican realmente a la enseñanza.