Un tatuaje alguna vez representó la adultez de una persona, su identidad familiar y portaba el sistema tribal, las creencias y la cultura. Sin embargo, hace casi un siglo, bajo el dominio colonial y las prohibiciones, estos tatuajes fueron obligados a desaparecer del cuerpo, sepultando en silencio la cultura de toda una generación. La última exposición del Museo Nacional de Prehistoria, «Tatuando el camino a casa: La regeneración de la cultura del tatuaje indígena taiwanés», reabre esta historia casi olvidada e invita a los visitantes a reflexionar sobre lo que los pueblos indígenas recuperan al tatuarse nuevamente.