¿Por qué Jiufen, antiguamente una próspera ciudad minera de oro que luego estuvo casi abandonada, ha seguido atrayendo a tantos turistas en las últimas décadas? ¿Será por las multitudes que se codean al pasar bajo los faroles rojos que bordean sus calles escalonadas? ¿O será por la conmovedora atmósfera capturada en la película "Una ciudad triste" de Hou Hsiao-hsien? ¿O quizás por la tranquilidad que se respira al contemplar las luces de los barcos pesqueros brillando en el mar por la noche? La belleza de Jiufen es siempre cambiante, y si preguntas a cien personas, escucharás cien respuestas.
A diferencia de muchos barrios antiguos de las ciudades taiwanesas, cuidadosamente planificados y trazados en líneas rectas, Jiufen se desarrolló de forma natural. Las casas se construyeron de forma desordenada en las laderas de las montañas, dejando calles serpenteantes y tiendas de formas y tamaños diversos. Esto le da al pueblo un encanto de espíritu libre.