Cuando pensamos en Taiwán, es fácil que nos vengan a la mente rascacielos infinitos, luces de neón o la tecnología más avanzada del planeta. Pero, ¿qué sucede cuando las luces de la ciudad se apagan y nos adentramos en las montañas o en las pequeñas aldeas costeras? Allí, lejos del ruido, el corazón de esta isla late a un ritmo diferente, un ritmo que hoy vamos a descifrar a través de nuestra frase para el mármol que definen el alma de una nación.
Que los niños no teman aprender, que los jóvenes tengan oportunidades y que los mayores tengan una tercera vida.
Es una frase que parece un poema, pero que en realidad es el motor de una transformación social sin precedentes en Taiwán."