Hoy nos adentramos en un aspecto fascinante de la vida en Taiwán: la religión cotidiana, un mundo donde lo divino convive con lo humano y donde los dioses no están lejos en el cielo, sino muy cerca, casi como parte de la familia.
En muchas culturas, los dioses tienen emociones muy humanas: alegría, ira, humor, incluso caprichos. Y en Taiwán ocurre lo mismo. En cada templo, las deidades tienen responsabilidades, historias personales y rasgos que las hacen accesibles y cercanas. Para muchos taiwaneses, rezarle al Emperador Wenchang antes de un examen o saludar al Dios de la Tierra al mudarse de casa es tan habitual como conversar con un vecino.